Alemania tapa agujeros con deuda

The constitutional debt brake remains locked as record borrowing flows around it.
Composición de imagen · tobriefEl Gobierno alemán ha aprobado 838.000 millones de euros de nuevo endeudamiento entre 2027 y 2030, repartidos entre defensa, infraestructuras y clima (BMF, DW). La cuestión es si esa deuda pagará nuevas líneas ferroviarias, redes eléctricas y capacidad defensiva, o si servirá para desplazar gasto antiguo fuera del presupuesto visible. Las primeras cifras apuntan con incomodidad hacia lo segundo.
La mayor parte del dinero no es nuevo
El concepto clave es la adicionalidad: si cada euro prestado financia un proyecto que no habría existido de otro modo, o si solo sustituye dinero que el Gobierno habría gastado igualmente con ingresos ordinarios.
El instituto ifo lo comprobó con datos de 2025, el primer año en que estuvo activo el fondo especial alemán para infraestructuras. Berlín tomó prestados 24.300 millones de euros a través de ese fondo. La inversión federal real aumentó apenas 1.300 millones respecto a 2024. El veredicto de ifo fue que el 95% de la nueva deuda no se convirtió en inversión adicional. El instituto IW de Colonia calculó un desplazamiento del 86%. En cualquiera de los dos casos, el grueso del endeudamiento etiquetado como «infraestructuras» acabó cubriendo huecos del presupuesto ordinario.
El economista del Ministerio de Finanzas Armin Steinbach respondió que el gasto sí era adicional, porque no se habría producido con unas finanzas más restrictivas. Esa defensa no puede contrastarse con las cuentas. Las cuentas muestran que la deuda crece mucho más deprisa que la inversión medida.
Cómo el freno de la deuda sigue intacto sobre el papel
El freno de la deuda alemán, una regla constitucional que limita el endeudamiento estructural del Estado al 0,35% del PIB, sigue en vigor. Pero Berlín canaliza la mayor parte del nuevo gasto por fuera de ese límite mediante dos mecanismos.
El primero consiste en que el gasto en defensa y seguridad por encima de un determinado umbral queda totalmente exento del tope. En 2027, esa exención cubre 85.400 millones de euros de los 118.700 millones de nueva deuda del presupuesto central. El freno actúa sobre todo salvo sobre el gasto militar.
El segundo son los fondos especiales, los Sondervermögen: bolsas extrapresupuestarias con capacidad propia de endeudamiento, cuya deuda no aparece en los presupuestos anuales de los ministerios, aunque sí termina en el balance público. En conjunto, Alemania se endeudará en más de 200.000 millones de euros solo en 2027 (BMF, Reuters vía Marketscreener). Mientras tanto, todos los ministerios ajenos a defensa asumen un recorte del gasto del 1%. El presupuesto de transportes cae de 27.900 millones a 26.400 millones de euros (vergabeblog.de).
La contradicción de los eurobonos
Alemania puede hacerlo porque su ratio de deuda sobre el PIB ronda el 62,5% (Eurostat). Italia, con una deuda del 135,3% del PIB y bajo procedimiento de déficit excesivo, el mecanismo de la UE para los Gobiernos que incumplen las reglas de déficit o deuda, no dispone de ese margen. Esta asimetría hace que la posición alemana sobre el endeudamiento común europeo parezca cada vez más interesada: Berlín se endeuda a una escala inédita en el plano nacional mientras sigue bloqueando los eurobonos, que darían a otros Estados miembros un espacio fiscal parecido. Italia y España impulsan ahora de forma conjunta la deuda europea compartida.
La ejecución es el verdadero límite
Los contribuyentes alemanes heredarán una factura de intereses creciente: el servicio de la deuda previsto pasa de 33.600 millones de euros en 2026 a 82.100 millones en 2030 (Surplus Magazin). Scope Ratings estima que el programa podría añadir entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales al crecimiento anual, siempre que los proyectos lleguen a construirse. Bruegel advierte de que unos presupuestos de defensa más altos, sin compras coordinadas, no crearán cadenas de producción eficientes.
El límite más estricto no es el dinero. El 36% del presupuesto de modernización de 2025 quedó sin gastar porque la capacidad de planificación y la velocidad de contratación pública no dieron más de sí. La prueba de los 838.000 millones estará en los trenes que circulen, las redes que funcionen y la capacidad militar que pueda utilizarse. La aritmética presupuestaria, por sí sola, no garantiza nada.
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