Hegseth revisa los activos en Europa

The structural guarantees of European security are being quietly rolled up.
Composición de imagen · tobriefEl secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, ha ordenado una revisión de seis meses de todos los medios militares de EE UU en Europa y ha bautizado el ejercicio como «OTAN 3.0»: un modelo en el que los europeos asumen la defensa de su propio continente mientras Washington reduce su papel. La revisión es un proceso unilateral estadounidense, amparado en la autoridad constitucional del presidente como comandante en jefe. Ningún Gobierno europeo ni órgano de la Alianza puede vetarla (CBS, Le Monde). Las capitales europeas afrontan un ajuste que tendrán que absorber.
Lo que Washington aporta de verdad
Entre los medios sometidos a revisión figurarían 50 de los 150 cazas, los ocho aviones cisterna, 11 de los 26 aviones de patrulla marítima, un submarino lanzamisiles, un grupo de ataque de portaaviones y uno de los dos grupos de bombarderos (Tagesspiegel). Son sistemas que sostienen la viabilidad de los planes de defensa de la OTAN: cobertura aérea, vigilancia, ataque de largo alcance, control marítimo y capacidad para reforzar Europa desde el otro lado del Atlántico (Al Jazeera). Sin aviones cisterna, los cazas europeos pierden autonomía en el aire. Sin patrullas marítimas, se abren huecos en el seguimiento de submarinos. La revisión apunta al tejido que conecta la defensa aliada, no a su volumen más visible.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, intentó contener el impacto al asegurar que la revisión se hará «en estrecha consulta con los aliados» y que el comandante supremo aliado en Europa considera que muchas de las capacidades retiradas ya están cubiertas o lo estarán pronto (NATO). El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, fue más directo: una reducción rápida sin una hoja de ruta clara para compensarla desde Europa crearía «desequilibrios peligrosos de capacidades» (Der Spiegel, Adevărul). Entre la tranquilidad que proyecta Rutte y la advertencia de Pistorius se resume el dilema europeo.
Más gasto, la misma dependencia
El argumento estadounidense sobre el reparto de cargas no carece de base. Los aliados europeos aumentaron el gasto básico en defensa en más de 90.000 millones de dólares en 2025, casi un 20% en un solo año (NATO). Polonia lidera la OTAN en gasto medido como porcentaje del PIB. Rumanía ha reservado 16.680 millones de euros del programa SAFE, el nuevo instrumento de préstamos de la UE para compras militares, para vehículos de combate, sistemas antidrones y munición (Mediafax).
Pero gastar más no equivale a sustituir capacidades. Entre 2020 y 2024, el 64% de las importaciones de armas de los Estados europeos de la OTAN procedió de Estados Unidos (Le Nouvel Économiste). Europa no dispone aún de suficientes fábricas, componentes, pólvora ni mano de obra especializada para escalar deprisa su propia industria de defensa. Francia, Alemania e Italia corren el riesgo de desarrollar tres programas distintos de avión de combate en lugar de uno solo, después de que la cooperación insignia del SCAF quedara encallada por disputas sobre gobernanza y transferencia tecnológica (Le Monde). Si los nuevos presupuestos acaban canalizados hacia proveedores estadounidenses, la dependencia que se pretende corregir se hace más profunda.
El flanco oriental lo entiende primero
Varsovia está aprovechando la campaña de presión de Hegseth para reclamar una base estadounidense permanente en suelo polaco, y el ministro de Defensa, Kosiniak-Kamysz, asegura que la primera respuesta del Pentágono ha sido positiva (Polsat News). Incluso el país de la OTAN que más gasta en proporción a su PIB quiere que Estados Unidos siga físicamente integrado en su defensa.
Lituania percibe el riesgo con más crudeza. Varios expertos del país han calificado una retirada rápida de EE UU como un «regalo a Rusia» y advierten de que el propio periodo de transición abre una ventana de vulnerabilidad (LRT). Los planificadores bálticos tienen identificadas las capacidades que no pueden reemplazar con rapidez: defensa aérea de largo alcance, guerra electrónica, alerta temprana y cadenas logísticas capaces de colocar refuerzos aliados donde se necesitan.
Rumanía mira la brecha desde el mar Negro, donde las bases de Deveselu y Mihail Kogălniceanu anclan la disuasión aliada. La cobertura rumana subraya que aviones cisterna, drones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, cazas y patrullas marítimas son precisamente los medios que Washington podría dejar de aportar de forma automática (Euronews Romania).
Nadie fuera del Pentágono ha visto la lista real de recortes. El Congreso exige informes antes de que el número de tropas caiga por debajo de 76.000, y los proyectos presupuestarios de defensa en la Cámara de Representantes y el Senado intentan limitar reducciones de calado (NOTUS). Pero la revisión cubre capacidades, no solo efectivos. Mientras no se publique un mapa de sustitución, capacidad por capacidad, que detalle quién cubre cada hueco, cuándo y con qué medios, la tranquilidad de la OTAN dependerá de un calendario de transición que Washington quizá no respete.
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