Madrid apuesta por De Cos para el BCE

The race for the Eurozone’s most powerful seat begins in the shadows.
Composición de imagen · tobriefEl mandato de ocho años de Christine Lagarde al frente del BCE termina en octubre de 2027, pero la carrera para sucederla ya se mueve desde hace meses en las capitales europeas. La posibilidad de que abandone antes el cargo ha acelerado los cálculos nacionales, porque una salida previa a las elecciones presidenciales francesas de abril de 2027 daría a Emmanuel Macron y al canciller alemán, Friedrich Merz, margen para influir en el relevo mientras conservan el poder.
Las informaciones de Euronews apuntaban en febrero a ese escenario. La respuesta del BCE fue deliberadamente ambigua: Lagarde «no ha tomado ninguna decisión sobre el final de su mandato». La frase dejó abierta la puerta a una salida anticipada.
Dos nombres dominan las encuestas entre expertos: Klaas Knot, presidente del banco central neerlandés, y Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual responsable del BPI, el Banco de Pagos Internacionales, que coordina a los bancos centrales del mundo. Un sondeo de OMFIF publicado en abril los situó empatados. Una encuesta del Financial Times entre economistas los colocó también como favoritos compartidos. La disputa real, sin embargo, se juega entre las capitales que los respaldan.
El candidato de Madrid y el gobernador que intenta frenarlo
La campaña española por De Cos ha avanzado con dificultad. Pedro Sánchez se resistía a apoyar a un economista nombrado por su antecesor, Mariano Rajoy, y cuyos informes desde el Banco de España criticaron en varias ocasiones la política fiscal del Gobierno (El Debate). Según Vozpópuli, Carlos Cuerpo, ministro de Economía, necesitó semanas de trabajo interno para convencer a Sánchez. El Ejecutivo ha cerrado filas tras De Cos, aunque sin respaldo público formal, en una apuesta calculadamente discreta (Cinco Días).
El problema más incómodo llega desde dentro. José Luis Escrivá, actual gobernador del Banco de España, estaría moviéndose contra De Cos mediante conversaciones con periodistas y con otros gobernadores de bancos centrales europeos para debilitar la candidatura (El Debate). Su cálculo es sencillo: si De Cos obtiene la presidencia, España no podrá conservar además un puesto en el Comité Ejecutivo del BCE, lo que cerraría la puerta a las aspiraciones del propio Escrivá.
La apuesta silenciosa de Berlín
Alemania tiene una candidata visible. Isabel Schnabel, ya integrante del Comité Ejecutivo del BCE, dijo a Reuters que aceptaría la presidencia «si se lo piden» (WirtschaftsWoche). Su perfil, muy inclinado al endurecimiento monetario y favorable a subidas de tipos incluso con el crecimiento debilitado, resulta difícil de vender ante los gobiernos del sur, que cargan con niveles elevados de deuda.
En mayo, Econostream sostuvo que Alemania ve a Knot como la «mejor alternativa»: «orientado a la estabilidad, con mucha experiencia y serio en materia fiscal». El perfil encaja con los reflejos ordoliberales de Merz, esa preferencia alemana por reglas estrictas, disciplina presupuestaria y estabilidad de precios por encima de casi cualquier otra consideración.
Francia parece haber cedido terreno. Villeroy de Galhau dejó antes de tiempo la gobernación del Banco de Francia y fue sustituido por Emmanuel Moulin, un hombre próximo a Macron que superó por poco el trámite parlamentario (Le Monde). No ha surgido ningún candidato francés para presidir el BCE. Tras dos presidencias francesas, primero Jean-Claude Trichet y después Lagarde, París parece dispuesto a aceptar que el turno pase a otro país.
Qué define la elección
La presidencia del BCE orienta el consenso sobre los tipos de interés y decide cuándo activar el TPI, el Instrumento para la Protección de la Transmisión, que permite al banco central comprar deuda pública para evitar repuntes bruscos de los costes de financiación en países como Italia o Grecia. El diferencial italiano frente a Alemania, es decir, la brecha entre lo que paga cada país por endeudarse, se sitúa en mínimos de 15 años, en torno a 73-76 puntos básicos. Esa calma depende en parte de que los mercados crean que el cortafuegos del TPI seguirá siendo creíble.
De Cos, clasificado por los analistas como un centrista con inclinación expansiva, más favorable a tipos bajos para sostener el crecimiento, ha defendido de forma constante el TPI y los ajustes graduales de los tipos a lo largo de su carrera (BIS). Knot, que fue uno de los miembros más duros del BCE en materia monetaria, ha suavizado su posición en los últimos años, aunque su instinto sigue orientado hacia una política más restrictiva.
Formalmente, la decisión corresponde al Consejo Europeo por mayoría cualificada, tras consultar al Parlamento Europeo y al Consejo de Gobierno del BCE (Consilium). En la práctica, todas las presidencias anteriores del BCE se han resuelto mediante acuerdos de paquete, con intercambios de altos cargos europeos entre países. La nacionalidad suele pesar más que la ideología.
España nunca ha presidido el BCE. Desde la salida de Luis de Guindos del Comité Ejecutivo el 31 de mayo, Madrid tampoco cuenta con representación en ese órgano. Ese argumento tiene fuerza. La decisión dependerá de qué capital cierre el mejor acuerdo y de si Madrid logra evitar que su propio gobernador deteriore la candidatura antes de que llegue la negociación final.
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