El Danubio apaga Cernavoda

The falling Danube leaves the regional power grid stranded in a heatwave of rising costs.
Composición de imagen · tobriefEl Danubio llega estos días a la central nuclear rumana de Cernavoda con un caudal de unos 1.630 metros cúbicos por segundo, cerca de un tercio de lo habitual en julio (Agerpres, Știrile ProTV). Trescientos kilómetros río arriba, en la central húngara de Paks, el indicador local ha caído hasta -118 centímetros, un mínimo registrado en la zona (Telex).
Las centrales nucleares necesitan ríos para refrigerarse. Un reactor convierte en electricidad solo una parte del calor que produce; el resto debe evacuarse con agua de forma segura. Cuando el río baja demasiado, o cuando llega demasiado caliente, la central pierde capacidad para disipar ese calor y los operadores tienen que parar.
Eso es lo que ha ocurrido esta semana en dos extremos de la cuenca del Danubio. Rumanía detuvo los dos reactores de Cernavoda, lo que retiró unos 1.300 MW de la red. El presidente Ilie Bolojan dijo que esa cifra equivale a casi una quinta parte del consumo eléctrico del país (HotNews). En Hungría, la empresa estatal MVM empezó el 29 de julio la parada del reactor 3 de Paks, una central que suele generar cerca de la mitad de la electricidad nacional (TVP World, HVG). Ninguna de las dos paradas responde a un accidente. Se trata de medidas preventivas. El Ministerio de Energía rumano advirtió de que el daño en una sola bomba de refrigeración podría exigir reparaciones de hasta un año (Mediafax). Una parada de dos semanas es el mal menor.
Sale energía barata, entra energía cara
La electricidad nuclear tiene costes de producción muy bajos una vez construida la central. Cuando desaparece de la red, se sustituye con ciclos de gas, importaciones transfronterizas o cualquier fuente flexible capaz de entrar rápido. Todas son más caras. Y como los mercados mayoristas de electricidad remuneran a todos los vendedores al precio que marca el productor más caro necesario para cubrir la demanda, sube el precio para el conjunto del mercado.
Tras la desconexión de Cernavoda, el precio mayorista rumano para el día siguiente aumentó 22,1 euros, hasta 132,87 euros por megavatio hora. En Hungría, el equivalente subió 26,50 euros, hasta 122,08 euros/MWh (Serbia Energy, Serbia Energy).
Rumanía pasó además de exportador neto a importador neto de electricidad en cuestión de horas. La tensión se concentra entre las 20.00 y las 23.00, cuando la demanda doméstica alcanza su máximo y la producción solar desaparece. En esas horas de la tarde, el país importaba unos 1.700 MW, con Bulgaria como principal proveedor (Digi24, Profit.ro). Esa dependencia también es frágil: los medidores búlgaros del Danubio en Ruse ya marcan -85 centímetros, por debajo de mínimos históricos anteriores (ClubZ).
Quién paga y quién gana
Los hogares rumanos están parcialmente protegidos por ahora. Las autoridades señalaron que los contratos domésticos mantienen precios fijos hasta final de año (Romania Insider). Pero los precios fijos no eliminan los costes: los trasladan a las comercializadoras, que deben comprar electricidad de sustitución más cara; a las revisiones tarifarias del año próximo, o al presupuesto público. La industria sí nota directamente el salto del mercado mayorista. Bolojan pidió en público a ciudadanos y empresas que redujeran el consumo durante la tarde, mientras los dos gobiernos preparaban planes de contingencia para limitar la carga de grandes consumidores y dejar fuera a los hospitales (444.hu, Portfolio).
Los beneficiados son los operadores de centrales de gas y los exportadores que venden electricidad al precio más alto que fijan las horas de escasez. Los operadores nucleares pierden producción e ingresos.
No es un episodio aislado
El problema se repite. El Tribunal de Cuentas francés ha documentado pérdidas recurrentes de producción nuclear vinculadas al clima: las centrales francesas dejaron de generar al menos 1 TWh en 2018, 2019 y 2020 porque los ríos estaban demasiado calientes o demasiado bajos (Argus). La cuenca del Danubio muestra ahora el mismo patrón en un río que refrigera reactores en cuatro países.
El operador de la red rumana calcula que el reactor 1 de Cernavoda podría volver a funcionar en torno al 4 de agosto y el reactor 2 alrededor del 10 de agosto (Profit.ro). Esas fechas dependen de lluvias que los meteorólogos no dan por seguras. El problema de fondo irá más allá de esta ola de calor: Europa está construyendo un sistema eléctrico más limpio, pero sus plantas bajas en carbono más fiables siguen dependiendo de agua fría y abundante en los ríos, un recurso que el cambio climático está reduciendo de forma sostenida.
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