Glaciares suizos pierden 5.5% y nutren ríos

Swiss rivers draw summer water from a shrinking store of ice.
Composición de imagen · tobriefCuando el verano es caluroso y seco, los ríos que nacen en los Alpes dependen del deshielo: agua caída en forma de nieve durante muchos inviernos y almacenada como hielo. Este año, Suiza ha recurrido ampliamente a esa reserva. Sus glaciares perdieron alrededor del 5,5% de su volumen durante el año glaciar 2025/26, unos 2,5 kilómetros cúbicos de hielo (NZZ), y casi una quinta parte en cinco años (GLAMOS/SLF).
Las cifras proceden de GLAMOS, la Red Suiza de Observación de Glaciares, que trabaja con ETH Zurich y las universidades de Friburgo y Zúrich. La red las publicó a través de la Academia Suiza de Ciencias el 1 de octubre (ETH Zurich). No se pesa cada glaciar: los investigadores midieron con detalle 23 glaciares de referencia y extrapolaron los resultados a los cerca de 1.300 que quedan en Suiza (AFP), como hace una encuesta para estimar la opinión de todo un país a partir de una muestra bien elegida.
Solo en 2022 la pérdida porcentual fue mayor, con alrededor del 6% del hielo (PBS/AP). En volumen, 2026 ocupa el tercer puesto, por detrás de 2022 y 2003 (NZZ). Ambas clasificaciones se explican porque en 2003 había más hielo: una pérdida porcentual menor podía equivaler a un volumen mayor. En los propios glaciares, la superficie descendió entre 2,5 y 4 metros de media (University of Fribourg).
Una reserva escasa antes de la ola de calor
Un glaciar funciona como una cuenta de ahorro. La nieve del invierno es el ingreso; si una cantidad suficiente sobrevive al verano, poco a poco se compacta y se convierte en hielo nuevo.
El invierno de 2025/26 estuvo entre los diez menos nevados desde que hay registros (GLAMOS/SLF). Así que los glaciares llegaron al verano con pocos ingresos. Además, la nieve protege el glaciar porque su superficie clara refleja la luz solar, que el hielo más oscuro absorbe.
La nieve desapareció pronto. Según ETH Zurich, en junio ya cubría los glaciares de forma irregular y, en septiembre, se había derretido incluso a unos 3.500 metros de altitud. La cota de cero grados, donde el aire alcanza esa temperatura, se situó por encima de los 4.000 metros durante 76 días, según el mismo comunicado institucional difundido por EurekAlert. En otras palabras, durante buena parte del verano el aire inusualmente cálido llegó a zonas muy altas de las montañas.
Esta secuencia —poca nieve en invierno y calor en verano— encaja con los registros suizos de años anteriores. Un estudio revisado por pares, basado en datos diarios de 2010 a 2024, concluyó que los inviernos más nevados aportaban de forma sistemática más nieve a los glaciares y que los veranos más cálidos aceleraban la pérdida de hielo (The Cryosphere). Ese es el patrón a largo plazo; todavía no se ha determinado qué parte de la pérdida de este año se debió a la escasez de nieve invernal y cuál al calor.
A quién ayuda el deshielo y en qué medida
Entre julio y septiembre, los glaciares aportaron alrededor de 2.200 millones de litros de agua de deshielo (GLAMOS/SLF). Cuánto ayuda esa agua depende del punto del río que se observe.
Un estudio analizó cómo respondieron a la sequía de 2022 88 cuencas suizas alimentadas por glaciares. Encontró que el deshielo adicional cubrió hasta el 70% del déficit de agua del Ródano en Porte du Scex, pero como máximo el 5% en Basilea, en el Rin (Hydrology and Earth System Sciences). Una cuenca hidrográfica es el territorio cuyas aguas confluyen en un punto de un río, como en un embudo. Cerca de las montañas, el glaciar aporta una parte importante del agua que recoge la cuenca. Cuando el río llega a Basilea, se le han sumado muchos afluentes y la proporción procedente del glaciar es menor.
El mismo estudio concluyó que la mayor parte del agua de deshielo de aquel año de sequía procedía de hielo que ya se había perdido para siempre. En la comparación con una cuenta de ahorro, los ríos recibían dinero del capital, no de los intereses.
El estudio también comparó los dos grandes veranos de calor. En dos tercios de las cuencas llegó a los ríos menos agua de deshielo en 2022 que en 2003, pese a que el hielo se derritió más deprisa por metro cuadrado (Hydrology and Earth System Sciences). La explicación más sencilla es que quedaba menos superficie de hielo, aunque las diferencias meteorológicas entre ambos veranos también influyen en la comparación.
Las mediciones de este año muestran que la reserva ha vuelto a menguar. La cantidad de agua que el deshielo aporta a un río en un verano seco depende de lo cerca que fluya de los glaciares, y esa ayuda cuenta cada año con menos hielo detrás.
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