Washington apunta a máquinas antiguas de ASML

An infinite harvest of silicon is tethered to the heavy soil of the Dutch polders.
Composición de imagen · tobriefCada chatbot de IA y cada generador de imágenes funciona sobre chips avanzados. Esos chips solo pueden fabricarse en masa con máquinas de una empresa: ASML, con sede en Veldhoven, en Países Bajos. En un mundo movido por libros, ASML sería el único fabricante de imprentas. Sus sistemas de litografía proyectan patrones de circuitos sobre obleas de silicio mediante luz ultravioleta extrema, una tecnología que ninguna otra compañía ha logrado replicar a escala. ASML registró 32.700 millones de euros en ventas netas en 2025 y prevé entre 34.000 y 39.000 millones para 2026, impulsada por la demanda de IA (informe anual de ASML).
Eso convierte a Países Bajos, casi por accidente, en uno de los países estratégicos de la carrera mundial por la IA. Esta semana, además, ha quedado atrapado en una contradicción que muestra hasta qué punto la posición europea es vulnerable.
El 23 de junio, Países Bajos se sumó a Pax Silica, una alianza liderada por Estados Unidos para coordinar minerales, energía, chips y centros de datos entre países aliados (Departamento de Estado de EE UU). Esa misma semana, el ministro neerlandés de Comercio, Sjoerd Sjoerdsma, viajó a Washington para presionar contra una ley estadounidense que permitiría al Congreso decidir qué pueden vender las empresas neerlandesas y a quién (Reuters). Entrar en la alianza y combatir sus reglas resume el dilema europeo ante el hardware de la IA.
Por qué una máquina para fabricar chips se convierte en arma
Pax Silica, lanzada en diciembre de 2025 y ampliada desde entonces a más de una docena de socios, entre ellos Japón, Corea del Sur, India y varios Estados miembros de la UE, parte de una premisa formulada por el subsecretario Jacob Helberg: la carrera de la IA no se gana solo escribiendo mejor software, sino controlando la infraestructura física que lo sostiene, desde la capacidad de cálculo hasta los minerales y las fábricas (Hudson Institute, Straits Times). Coordinar a los aliados para asegurar esos insumos responde a un riesgo real: las cadenas de suministro concentradas en manos hostiles pueden cortarse.
El problema aparece cuando la coordinación se convierte en coerción. Las máquinas más avanzadas de ASML, que utilizan luz ultravioleta extrema (EUV), ya no pueden venderse a China por los controles de exportación vigentes, que limitan la venta de tecnologías sensibles. La MATCH Act, una proposición bipartidista presentada en el Congreso en abril, endurecería aún más esas restricciones (comunicado de Baumgartner).
La norma prohibiría también la exportación de máquinas de generaciones anteriores de ASML, las que emplean luz ultravioleta profunda (DUV). Son menos punteras, pero siguen siendo valiosas, y miles de ellas ya operan en fábricas chinas. El texto restringiría además el mantenimiento de los equipos instalados. Esa parte es decisiva porque las máquinas de litografía no son electrodomésticos que se enchufan y se olvidan: necesitan asistencia técnica constante, actualizaciones de software y piezas de recambio del fabricante. Si se corta el servicio, incluso las máquinas ya vendidas terminan dejando de funcionar (Tom's Hardware).
Para la soberanía europea, el punto más delicado es otro: la MATCH Act daría a los aliados 150 días para adoptar restricciones equivalentes. Si no lo hacen, Washington extendería la jurisdicción estadounidense sobre productos fabricados fuera de Estados Unidos, lo que en la práctica obligaría a una empresa neerlandesa a someterse a la ley norteamericana (comunicado del senador Kim). La proposición ha superado la fase de comisión, pero aún no ha llegado a una votación plenaria, y TechCrunch apunta que quizá necesite integrarse en un paquete legislativo más amplio para convertirse en ley.
Lo que Europa se juega
La exposición financiera es inmediata. China representó alrededor del 33% de las ventas de ASML en 2025, una cuota que ya cayó al 19% de las ventas netas de sistemas en el primer trimestre de 2026 (SCMP, ASML Q1 2026). Esos ingresos financian la investigación y desarrollo de la siguiente generación de máquinas. Si se reducen, también se debilita la capacidad europea para conservar la ventaja en litografía.
ASML tiene su sede en Países Bajos, pero su ecosistema de precisión es continental: las alemanas ZEISS y TRUMPF suministran la óptica y los sistemas láser que hacen posible la tecnología EUV (ZEISS, TRUMPF). Cualquier restricción sobre ASML se transmite por esa cadena de proveedores. La Ley Europea de Chips aspira a duplicar la cuota europea en el mercado mundial de semiconductores hasta el 20% (Comisión Europea), y Bruselas defiende oficialmente una estrategia de «reducción de riesgos, no desacoplamiento» frente a China (estrategia europea de seguridad económica). Sin embargo, las decisiones sobre controles de exportación siguen en manos de cada Estado miembro. Eso deja a Países Bajos negociando casi en solitario con Washington sobre una máquina de la que depende estratégicamente toda Europa (CSDS VUB).
Como ha señalado Bruegel, la posición monopolística de ASML da a Europa una palanca real en un mundo de chips cada vez más fragmentado, siempre que se use de forma colectiva. Sjoerdsma trasladó en Washington que Países Bajos comparte el objetivo de impedir que tecnologías peligrosas lleguen a actores hostiles, pero advirtió de que la «cooperación por la fuerza» cruza una línea (Reuters). La duda es si Europa puede sostener esa línea país por país, o si la condición de «socio de confianza» acaba convirtiéndose en una dependencia administrada: más costes, menos capacidad de negociación y un control más débil sobre la base industrial sobre la que se construirá la IA.
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- 6/25/2026, 3:25:04 AM
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